miércoles, 29 de abril de 2009

Futbolero

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s Aunque ya todos lo sabréis, lo confieso, soy futbolero. Y pregunto yo ¿Cómo no serlo en este país? El fútbol nunca me ha fallado a la hora de matar esas horas insufribles en el trabajo. Ya fuera como peón, camarero o cajero, siempre encontré un compañero o cliente para analizar el partido del Madrid. Si, si, porque como la mayoría en este país (simple, pero mayoría) soy del Real Madrid, ¡Y a mucha honra!
En las últimas semanas, los madridistas hemos tenido unos partidos épicos, no se puede emplear otro calificativo si ante el mal juego del equipo (fruto de una plantilla que no está a la altura), los resultados acompañan a base de remontadas. Con la tontería, desde que esta Juande y, sobretodo, gracias a Lass, el Madrid esta a falta de cinco jornadas a cuatro puntos del "mejor Barça de la historia" según los expertos*. ¿A qué viene todo ésto?
El sábado hay partidazo, de esos que aunque no los disfrutas mientras los vés ya que hay demasiado en juego, dan para muchas horas de conversación. Ya no lloraré, como hacía de pequeño, si mi equipo pierde; si lo haré en el caso de no poder verlo. ¿Qué es un futbolero sin un Madrid-Barça?


* Por experto entiendo a un futbolero con suerte, es decir, el susodicho que traslada la conversación del bar a un plató de televisión, cambiando un pincho de tortilla por un micrófono y un vaso de agua, y en lugar de pagar la consumición, tiene una nómina a final de mes.

viernes, 24 de abril de 2009

Coherencia

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s Esta semana, en la cafetería de la universidad, dejamos a un lado por un instante a Guti y al "Pipita" para charlar sobre la importancia de la coherencia entre discursos y práxis. Todos admitimos la imposibilidad de alcanzar una coherencia absoluta aunque nos pareció importante el esfuerzo por aproximarse a ella.
El asunto siempre me ha parecido importante pero a lo largo de la semana he puesto en duda su viabilidad en el entorno globalizado actual.
Por poner un ejemplo enrevesado (que bien podría ser el guión de la próxima película de Michael Moore), en los últimos años, el superávit comercial chino (fundamentado en la economía de exportaciones) ha sido empleado en comprar los bonos del tesoro estadounidenses que permitían financiar a bajo coste las guerras de Irak y Afganistán. Es tal la interdependencia fruto de la globalización, que comprando cualquiera de los miles de objetos fabricados en China, colaborábamos indirectamente en la financiación de "la guerra contra el terror" de Bush Jr. y compañía. O como el activista pro-Tibet de la viñeta, podemos tener un discurso en contra de la política china y al mismo tiempo enriquecer a través de nuestro consumo al régimen político al que nos oponemos.
¿Cómo ser coherente en el desorden actual?
La respuesta local es una alternativa pero, además, no debemos olvidar que el sistema económico mundial esta falto de una coherencia entre un texto (discurso oficial) favorable a una sostenibilidad económica, social y medioambiental que su textura (práctica) no siente.

N.S.: El binomio texto/textura es atribuible a Don Ramón Espinar (2009)


domingo, 19 de abril de 2009

Cornucopia

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- La cornucopia (o cuerno de la abundancia) es uno de los símbolos más representativos de la modernidad. Procedente de la mitología griega y retomada por los filósofos ilustrados, su promesa de una abundancia o un progreso ilimitado permanece en los imaginarios occidentales.
Muchos aguafiestas llevan años advirtiendo del límite medioambiental, nuestro ritmo de vida no es sostenible a medio plazo ya que la explotación de recursos naturales y la contaminación derivada de las sociedades de consumo son muy superiores a la capacidad de nuestra pachamama.
Ante este inconveniente, el espíritu cornucopiano tiene una fe ciega en la ciencia y la técnica. Así, el ser humano es capaz de inventar alguna máquina o mejora tecnológica para que una minoría pueda mantener su nivel de vida. ¿Basta con ponerle a nuestros electrodomésticos y a nuestro 4x4 la etiqueta "Eco" para que nuestra huella ecológica* alcance unos niveles aceptables?
Los aguafiestas consideran que no es suficiente y que más allá de las mejoras técnicas, existe un problema político y ético que debe ser asumido tarde o temprano. El primer paso, en mi opinión, es aceptar la finitud de nuestro entorno, para posteriormente dar entrada al juego político. Cada día hay más gente sensibilizada ante esta problemática pero en el ámbito político no hay respuestas acordes con la magnitud del problema. Por muy tentador que sea, la culpa no es sólo de los políticos, las decisiones más determinantes no pueden darse hoy en día porque nuestra conciencia medioambiental se supedita a otros factores como nuestro poder adquisitivo o el propio confort. Sin embargo, para el ciudadano de a pie, los cambios necesarios para adecuar nuestras sociedades a parámetros sostenibles no serían muy privativos, en cambio, una minoría con mucho más poder si perdería ciertos privilegios. ¿Qué hacer?




* WACKERNAGEL define la huella ecológica como la superficie terrestre productiva de suelos y océanos necesaria para proporcionar los recursos consumidos por esta población y asimilar sus desechos y otros residuos.

jueves, 9 de abril de 2009

La economía del fraude inocente

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Vamos a dejar por un momento las figuras literarias para comentar el libro de un figura: La economía del fraude inocente de John Kenneth Galbraith (JKG).
Partiendo de sus interesantes vivencias como alto funcionario de la administración, de su bagaje académico como profesor en Harvard y habiendo sido asesor de distintos presidentes estadounidenses, el mayor experto en la crisis del 29 considera que actualmente vivimos en un sistema corporativo dominado por los directivos y basado en un poder ilimitado para el enriquecimiento.
Con unos tintes autobiográficos que dan peso a sus afirmaciones, JKG desmonta mitos como la eficacia de la Reserva Federal para influir en la economía real o el debate ficticio entre sector público y sector privado. Para este último, Galbraith recurre, en el caso estadounidense, al ejemplo del complejo militar-industrial, factor fundamental para explicar buena parte de la política interior (inversiones públicas) y de la política exterior (guerras de Vietnam e Irak).
Ya en 2004, año de publicación del libro, JKG advierte que controlar el poder corporativo es uno de los mayores retos y una necesidad urgente para las sociedades del siglo XXI. Paradojas de la vida, siendo muy crítico con los economistas empeñados en predecir las futuras evoluciones de la economía, su libro era el mejor "oráculo" para advertir la crisis financiera.

La autoridad de la dirección corporativa, los abusos y el enriquecimiento personal continuarán. Nuestra principal esperanza reside en el pleno reconocimiento por parte del público y de las autoridades de que el poder de los directivos les proporciona una oportunidad para comportamientos socialmente indeseables. Una vez entendido esto, resulta evidente la necesidad de vigilar la conducta de las empresas por más respetables que éstas sean, y también la de prestar especial atención a las recompensas que la dirección corporativa se concede a sí misma. Esto es algo que beneficiará al público en general y al propio mundo corporativo. La corporación, repitámoslo, constituye un rasgo esencial de la vida moderna. Debemos conservarla, pero ésta tiene que ajustarse a los patrones socialmente aceptados y a las restricciones públicas indispensables. La libertad para la acción económica benéfica es necesaria; esta libertad, sin embargo, no tiene por qué ser una tapadera para la malversación, legal o ilegal, de renta o riqueza ajenas (JKG, pág. 86-87)

Terminemos con una reflexión en relación a esta cita, en el contexto actual en el que el poder de muchas corporaciones sobrepasa al de la mayoría de los gobiernos actuales, ¿Cómo puede producirse el reajuste a los "patrones socialmente aceptados y a las restricciones públicas indispensables?
Me da la sensación que la(s) respuesta(s) a esta pregunta, a diferencia de lo pactado en Londres la semana pasada, tendrá(n) un potencial importante para prevenir futuros conflictos.


N.S.: Gracias a "panceta" por prestarme el libro ;)



martes, 7 de abril de 2009

Pleonasmo: decrecimiento sostenible

pleonasmo


pleonasmo

Hace casi un mes, defendía en la entrada "la historia de las cosas" la necesidad de un decrecimiento sostenible. ¿Qué entiendo por decrecimiento sostenible?, me pregunto con mucho criterio Laura.

La consigna de decrecimiento tiene como meta, sobre todo, insistir fuertemente en abandonar el objetivo del crecimiento por el crecimiento, objetivo cuyo motor no es otro que la búsqueda de beneficio por los poseedores del capital y cuyas consecuencias son desastrosas para el medio ambiente. (...) Es precisamente de abandono (...) de la religión de la economía, del crecimiento, del progreso y del desarrollo.
El decrecimiento no es verdaderamente una alternativa concreta; sería, más bien, la matriz que daría lugar a la eclosión de múltiples alternativas.

(Serge LATOUCHE)


Dicho esto, lo que me convence de los planteamientos del decrecimiento es su enfoque cultural (o antropológico), buscando un cambio del imaginario dominante, "del bien-tener estadístico al bien-estar vivido". Así, frente a un pensamiento único, obsesionado por el crecimiento del PIB a expensas del medioambiente y la exclusión de la mayoría de la sociedad, se postula un cambio de valores que permita afrontar los desafíos actuales de forma "natural".
Seguiré dando la lata con este temita, mientras, os regalo un enlace a unos videos subtitulados de Serge Latouche.



P.S.: Aplicándome el cuento de mi última entrada, debo confesar que la expresión "decrecimiento sostenible" es un abuso de la retórica semejante a la de los expertos del oxímoron. En mi caso, recurro a un pleonasmo ya que la lógica del decrecimiento aboga "ab ovo" por la sostenibilidad

viernes, 3 de abril de 2009

Oxímoron

oxímoron




En las últimas semanas me he topado en diversas ocasiones con una palabra de la que no tenía noticias desde aquellos maravillosos años en los que me impartían con más pena que gloria la asignatura de "lengua y literatura". Esta palabra la define el DRAE como una combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido; me refiero al oxímoron.
En los últimos años, en la jerga internacionalista, se ha puesto de moda el recurso a esta figura estilística, véase "guerra preventiva" o "desarrollo sostenible". Sin embargo, lejos de crear un nuevo sentido, como establen los académicos de la Real Academia Española, estos neologismos generan grandes debates académicos sin por ello aportar unos cambios reales en las prácticas. Así, igual que la guerra preventiva tiene poco de preventiva y mucho de guerra, el desarrollo sostenible sigue siendo tan insostenible como lo fue el desarrollo a secas.
Aunque la realidad es representativa, no basta con recurrir a la ingeniería lingüistica (¿o debería decir a la poesía?) para transformar unas prácticas denunciadas por ciertos sectores de la sociedad que apelan a valores como la paz o el respeto al medio ambiente. En realidad estamos ante una tendencia a recurrir a un pseudo-oxímoron para mantener una práctica dominante que es contestada progresivamente por la ciudadanía. La clase política, recurre a esta herramienta cognitiva para calmar a las masas mientras claudica ante las élites del poder económico.
En estos días en los que se celebra en Londres el All-Star de los "líderes" políticos (o G20), no me soprendería que ante la tesitura de tener que acabar con los paraísos fiscales, uno de los factores desencadenantes de esta crisis financiera global, se recurra a un pseudo-oxímoron para poder afirmar posteriormente que la cumbre ha sido histórica. Mi propuesta es la siguiente: "paraísos fiscales transparentes".